jueves, 3 de noviembre de 2011

A TÍTULO DE PRESENTACIÓN


Yo soy la culpa
La tráquea violada por ofidios.
El insomnio
de los padres a la diestra,
los destruyo
como la rama de los fetos
pendulados en el lago.

Perplejo quedas, Dios
al verme tan distante
de tu vientre.

Derechos Reservados © Dina Bellrham
 

PRÓLOGO



A propósito de un gran Con plexo de culpa


«Yo soy un sueño desplumado/un verso agónico/un rosario de esperas/un suicidio anticipado…/». Así, bajo la conceptuación que sin ningún pudor se complace en presentar las entrañas más íntimas de una voz discursiva “caóticamente rota/como una lágrima fotografiada/”, se presenta ante nuestra consideración lectora –cada vez más difícil de convencer-, Con plexo de culpa, poemario de la autoría de DINA Bellrham (Milagro, Ecuador, 1984), cuyo contenido desestabilizante, provisto de automatismos oníricos que con frecuencia afloran al lenguaje como imágenes definitivamente bellas, pero de alcances terribles – ‘como el grito de la niña /cuando viola sus muñecas/…’ hace que la ubiquemos en un surrealismo de signo hiperbólico, de mayor evolución del que se dio en las letras europeas a principios del s. XX.

Actitud de agresiva ruptura, capacidad creativa de manifiesta originalidad, códigos lingüísticos de sorprendente cuño, son rasgos que percibimos en la poética de una voz joven que nos conmociona, más que conmovernos

con sus frutos cáusticos, no exentos de afectividad, extraídos con dolor de los intersticios profundos de una sensibilidad extraña, palpablemente artística; por todo lo cual no vacilamos en afirmar que Con plexo de culpa se constituye en una de las muestras más válidas de la joven poesía ecuatoriana y ya, centrándonos en el género al que pertenece su autora, uno de los discursos más bulirantes dentro de la lírica escrita por mujeres ecuatorianas, por su reciedumbre amarga, funcionalmente literaria, en la que se generan versos viscerales como este «El suelo se ha vuelto puta en los zapatos…/»

Sonia Manzano Vela
Junio del 2008

DEDICATORIA


A la gracia de los momentos mundanos.
A la orgía de los enemigos en tazas de té.
A la madre-niña que me ama con cicatrices.
Al padre que llueve y me hidrata.
A la princesa que colecciona dragones.
A la hada que oculta sus alas para resistir.
A mi Dr. Cuauh y sus látigos de orbe.
A la otra madre y su chispa de tuétano.
Al extraterrestre de Centro América.

Al Delirium Tremens de la pata de palo.
D. B.